A raíz de la reciente y exitosa encuesta sobre salarios en el ámbito laboral del diseño de experiencia de usuario, UX, UI, Interacción… de @uifrommars se abrió cierto debate sobre si era el medio más adecuado para discutir (luchar) este tema. Había gente (mucha) que estaba a favor y otros que no acababan de verlo del todo adecuado, sobre todo por el tema del anonimato y la facilidad de manipular una encuesta abierta.

Por eso me gustaría compartir algunas reflexiones sobre este tema.

 

¿Son creíbles las encuestas?

Sin datos tendemos a preocuparnos más porque vivimos en la incertidumbre… ¿es suficiente? ¿merezco algo más? Como seres humanos necesitamos definir nuestra normalidad. Esto lo hacemos comparándonos con los demás. Por eso las encuestas son buenas. Las encuestas tranquilizan y desinhiben, nos enseñan lo que se puede y no, abren posibilidades.

Esto es necesario porque tendemos a justificar la realidad y nuestras en base a nuestra experiencia. Siendo éstas reforzadas por nuestro entorno: familia y amigos. Pero nuestro entorno es un reflejo de nosotros mismos. Un reflejo de nuestras ideas, de nuestra educación y de nuestro nivel económico. Es muy probable que en tu entorno todos tengáis unos ingresos muy similares. Pero eso no es un reflejo de la realidad. Simplemente es tu burbuja.

Por eso las encuestas dan respeto  miedo. A nadie le gusta darse cuenta de que está haciendo algo mal. Porque sufrimos de la famosa disonancia cognitiva. Hay que enfrentarse a las encuestas y sus datos con un espíritu abierto. No sirve el si nos da la razón es buena herramienta, si no las quita, no es tan buena.

Esto último se refuerza porque es muy complicado tener una encuesta perfecta. Siempre se excluye a alguien por diferentes motivos: tipo de encuesta, sistema utilizado, canal, el tema, recursos, accesibilidad… También hay que decidir qué enfoque buscamos: Abiertas VS cerradas. Amplitud VS profundidad. Información VS matices.

Ningún enfoque es mejor que el otro. Cada una se dirige a una verdad diferente. Por lo que al final se elige la forma más accesible, reconociendo sus fortalezas y debilidades. Además los que están en contra hablan del llamado «prejuicio de voluntariedad» que es muy interesante. Los extremos (en este caso cobro muchísimo vs cobro muy poco) no participan porque no le ven sentido. También creen que el otro extremo participa en masa (para manipular y dar por válida su realidad) y por eso al final TODOS deciden participar 🙂

Esto sucede porque creemos que las encuestas son partidistas. Están dirigidas a cambiar a instruir la normalidad, de ahí que algunos diseñadores no lo consideren la mejor herramienta de lucha, en este caso en búsqueda de salarios dignos. Pese a todo lo que ayuda a tener una buena calidad de resultados es la aleatoriedad y facilidad que se da a las personas para responder. Una buena usabilidad en el formulario, preguntas claras y comprensibles, respeto y seguridad ante la protección de datos, anonimato… y yo creo que en este caso se ha dado.

Las encuestas no deben utilizarse como excusa para justificar lo inmoral o lo poco ético

Pero una encuesta es como una fotografía. En el momento que la tomas es pasado. Congela la experiencia de una persona o circunstancia en un momento dado, no  definen de por vida. Por eso no sirven para justificar lo injusto, inmoral o lo poco ético, como temían en el tuit de más arriba.

Además aunque los datos suelen ser muy cercanos a la realidad, no son una verdad absoluta. Las encuestas son parte de un mosaico. Añaden un punto de vista sobre un tema que empieza a tener sentido cuando los diferentes puntos de vista (otras formas de conocer la realidad) empiezan a converger.

El verdadero valor de esta herramienta es provocar el diálogo. Si esta encuesta (mejor o peor) abre el melón de los salarios (que lo ha hecho y muy bien, todos estamos esperando el análisis de los resultado) ¡bienvenida sea!